viernes, 3 de junio de 2011

La buena suerte

        Cuando estuve en Kabul, en uno de los paseos en los que tuve la oportunidad de salir de la embajada, fui al Jardín de Babur. Éste fue emperador mongol de origen indio, que anduvo viajando por la antigua Persia, y quedó tan encantando de la ciudad en Afganistán, que, cuando tras haber tenido que huir a su país de nacimiento le llegó el momento de morir en Agra, pidió que trasladasen su cuerpo de nuevo a esa ciudad tan maravillosa y ordenó que allí le hiciesen una tumba según él había diseñado: de mármol blanco, abierta al cielo sin techo y en lo alto de una colina desde donde hay una visión de la ciudad que ahora está medio derruida.
           Para llegar allí hay que caminar por un camino entre rosales cuidados con tanto esmero…
Me parece imposible que las flores tengan ganas de salir en un clima tan inhóspito, pero ahí van, salen con fuerza, con ganas de vivir, como ajenas a todo lo que hay alrededor, pero no alcanzan a contagiar a los habitantes de Kabul. Es difícil vivir aquí. Muy difícil.
Después de unos días en el país, admiro que la gente tenga ganas de continuar adelante, sobreviviendo en el día a día. La Pobreza trasmite aquí una sensación diferente a la que se percibía en Mozambique. Allí se notaba en el aire unas ganas de aprovechar hasta el penúltimo segundo pues a lo mejor no había un último…. Aquí la vida se lleva como una gran carga, cuesta trabajo.
A la salida del jardín en Kabul había unos niños de mirada triste, descalzos, vestidos con harapos y una lata con un asa hecha de alambre doblado que humeaba. Le pregunté a mi guía sobre lo que tenían en la lata y él, tranquilamente y sin dar importancia me dijo que tenía suerte, buena suerte en la lata, y que con el humo la repartían, eso sí, previo pago de algunos afganis.
En mitad de un paisaje tan gris, tan triste, con tan poca esperanza, estaba un personajillo repartiendo “buena suerte”… qué contraste. Ahora, después de pedirle que me soplase un poco de ese humo, se que voy a continuar con mi buena suerte. Soplo un poco para el oeste, a ver si os llega algo: uffffff…….
 

2 comentarios:

David Mc dijo...

Mi buena suerte llegó antes de que soplaras, llegó cuando el viento te sacó del mar y te trajo a la costa, a la playa. LLegó cuando te conocí. Deseo que esa suerte te acompañe siempre y que, con suerte, vuelvas pronto...
Un beso te envío, que hoy sopla poniente.

angelina dijo...

Qué bonito, Ale, y qué triste a la vez... no te me vengas abajo, eh? Besicos.